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Discos / AC/DC - Black Ice |
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31/12/08 -
Por: Gino Alache |
En
el mundo según AC/DC, el sexo, el dinero, la política y otras
características de la adultez son un chiste de mal gusto. Pero el rock
es sagrado. Nadie, desde Chuck Berry a esta parte, ha escrito
tantas buenas canciones de y sobre el rock & roll; y ninguna banda fuera
de Ramones se ha negado tan militantemente a investigar más allá
de las formas básicas. AC/DC da una visión de los Stones
en la que Keith hubiera ganado todas las discusiones: no a los
discos conceptuales, no a los teclados, no a lo disco, no a las baladas,
no a los coros gospel. Y "Black Ice" es el mejor argumento en
años -quizás en décadas- de que la evolución es para idiotas.
El hecho de mantener idéntico su sonido
deposita toda la presión en la composición de las canciones. Y por
primera vez desde que "The Razor’s Edge" (1990) le diera sentido
a la generación Beavis & Butt-Head, los guitarristas Malcolm
y Angus Young han escrito canciones a nivel de su músculo
musical, aunque no las suficientes como para llenar un álbum. Con el
productor Brendan O’Brien y su inteligencia radial en el equipo,
el material nuevo está prácticamente a la altura de los picos de su
carrera, especialmente "Rock N Roll Train", en la que los
hermanos Young se tiran acordes cortantes entre ellos como si
fueran malabaristas con cuchillos. El baterista Phil Rudd se
mueve atrás con un ritmo inhumano, y es tan reacio a tocar partes de
relleno que hace que Charlie Watts suene como Dave Grohl.
Asimismo, el bajista Cliff Williams
parece satisfecho con bombear corcheas en todas las canciones de AC/DC;
excepto cuando traza una senda funky en la excelente "She Likes
Rock N Roll". Otro clásico instantáneo es "Big Jack",
que tiene el garbo de un tema perdido de "Back In Black". Incluso
las canciones que descansan en trucos trillados –el agudo riff de dos
notas de "Anything Goes" recuerda a "For Those About to
Rock (We Salute You)" .
AC/DC evita el sexismo alegre del pasado (escuchá
la oda al sexo oral "Givin the Dog a Bone"). Pero por
fuera de eso, las letras no han cambiado demasiado excepto por una nueva
preocupación por la meteorología apocalíptica ("Skies on Fire", "Stormy
May Day", "Black Ice"). El título "War Machine" es
inquietantemente actual, pero la letra es lo suficientemente vaga ("la
llamada de lo salvaje… la cosa se puso salvaje")
como para sugerir que la "máquina" es sólo otra metáfora fálica. ¡Uf!.
A diferencia del líder original Bon
Scott, que había nacido para aullar, Brian Johnson es un
barítono natural que entrega notas agudas de comadreja torturada a pura
fuerza de voluntad. Antes, cuando alcanzaba lo más alto de su registro,
sonaba más jadeante que amenazador, pero ahora O’Brien lo lleva a
buscar esas notas, y la banda enfatiza los estribillos y los coros que
animaron sus grandes éxitos.
Para una banda de tipos tan convencidos de
ser una "banda de álbum" que se niegan a vender sus canciones
individualmente online, AC/DC ha tenido problemas en esto de
hacer discos consistentes desde "For Those About to Rock" (1981).
"Black Ice" se despega de esa tendencia, pero no la revierte: el
álbum parece más largo que los 55 minutos que dura, gracias a ese tramo
de rockeadas desechables que incluye la mecánica "Spoilin’ for a
Fight" y la genérica -incluso para sus estándares clásicos-
"Wheels".
Pero hay algo casi elegíaco en las
múltiples odas al rock de "Black Ice", como "Rocking All
the Way" y "Rock N Roll Dream". Estos tipos son
verdaderos creyentes, peleando una guerra que, aunque nadie les avisó,
terminó hace muchos años. En un momento, Johnson grita:
"Vamos a rockear por toda la
ciudad / Lo vamos a hacer bien / La vamos a rockear toda la noche".
Eso deja claro que esta banda todavía suena con palabras que en 1956 ya
eran un cliché. Y por eso hay que saludarlos.
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