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Discos / Gallows - Grey Britain

20/05/09 - Por: Francisco Reinoso Baltar

 

Arde el Palacio de Buckingham y cinco son los pirómanos. Ni siquiera la inmediatez del éxito de su debut "Orchestra of Wolves" (2007) ni los agobios que sufrieron por la prensa del Reino Unido, confabularon la línea valórica de estos cinco armamentistas del punk rock en clave clásica. Gallows no es un vil invento de comunicadores antojadizos y obsesivos por crear fenómenos para pagar sus cuentas y levantar sus publicaciones; tampoco corresponde a la sarta de jovencitos obnubilados con las billeteras gordas, las groupies, auspicios de marcas y cinco portadas al minuto… lo que acátenemos es una total excepción a la regla.

 

Llegar a hablar de rabia y trazos viscerales para contextualizar una entrega de Gallows no es una novedad centelleante, claro está, pero si rememoramos el rechazo macro que reflejó en todos sus seguidores, el millonario fichaje por un millón de libras que realizó el grupo con Warner el año pasado (para registrar tres publicaciones bajo el alero de dicha multinacional), las anotaciones comienzan a tomar otra forma.

 

Pero bien, la fachada yace intacta y es más, la colérica combustión que confluye en estos trece pelotazos alimentados por la pericia de Garth Richardson, sorprenden desde todos los canales. Primero, por la raigambre densa como neblina escandinava que traslucen las canciones de “Grey Britain”. Se antepone la furia destemplada de otrora, por un sonido rebosante en contundencia y que respira desde las cuerdas del bajo de Stuart Gili-Ross hasta la garganta enardecida de Frank Turner.

 

“La reina está muerta”, exclama Turner en el tremebundo gatillo de inicio aportado por ‘The Riverbank’ y la propuesta madre que encauza el concepto del disco es latente: la completa decadencia de Gran Bretaña. La abrasión sin limitantes de ‘London Is The Reason’ da en detalle un vigor calibrado, sin perder la munición del hardcore genérico, tal como profesa la incendiaria ‘Leeches’, que rompe con bases adheridas en un grado muy remitente a los buenos tiempos de Rage Against The Machine.

 

Cual seminario de rock gamberro se imponen ‘Black Eyes’ y ‘I Dread The Night’. También resalta la esencia de ‘Death Voices’, una magnífica gema digna de coreo multitudinario de barra brava y que cuenta con el apoyo en las estrofas principales de los Cancer Bats.

 

Pasamos a la opera prima del LP, ‘The Vulture Acts I & II’, vestigio colosal acerca de las reales potencialidades de Gallows y el porqué han llegado, en tan sólo un par de años, más arriba que cualquier símil del circuito hardcore punk. Frank toma la batuta y en la partida acústica enrostra a los enemigos de su registro, desnudando una faceta casi de trovador, todo rompiéndose en mil pedazos con un cambio de velocidad de segundos y un cierre devastador. Una composición alucinante, llena de brutales estribillos y Turner desbordando su timbre hasta el límite.

 

Algunas líneas de “Orchestra of Wolves” continúan en ‘The Riverbed’, trallazo de hardcore en pie southern, emparentado sin duda con varios de los exponentes más rockeros de la nueva escuela americana (Every Time I Die, The Showdown). También la cercanía con los testamentos ochentesos de Black Flag y Circle Jerks se expulsan en las melodías de ‘Grave’, temón acompañado por Simon Neil de los cada vez más reconocidos Biffy Clyro.

 

Gallows añade su jugada maestra. Una bocanada fulminante hacia el mismo establishment del cual han usufructuado para levantar su música y a la vez ningunean sin compasión. “Grey Britain” acaba con los juicios y deja a los trendsetters de la prensa inglesa (NME, Kerrang) como unos completos idiotas. Bien hecho.

 

 


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